domingo, 11 de enero de 2009

Viaje al corazón de las tinieblas

REPORTAJE: TESTIGO DEL HORROR

Viaje al corazón de las tinieblas

Mario Vargas Llosa visita el Congo, un rico país sumido en la miseria de la guerra y el terror. Hambre, violaciones, asesinatos y corrupción sacuden esta tierra sin ley. Médicos Sin Fronteras y 'El País Semanal' inician con éste una serie de viajes de diferentes escritores para rescatar del olvido a las víctimas de la violencia en el mundo.



I - EL MÉDICO. "El problema número uno del Congo son las violaciones", dice el doctor Tharcisse. "Matan a más mujeres que el cólera, la fiebre amarilla y la malaria. Cada bando, facción, grupo rebelde, incluido el Ejército, donde encuentra una mujer procedente del enemigo, la viola. Mejor dicho, la violan. Dos, cinco, diez, los que sean. Aquí, el sexo no tiene nada que ver con el placer, sólo con el odio. Es una manera de humillar y desmoralizar al adversario. Aunque hay a veces violaciones de niños, el 99% de las víctimas de abuso sexual son mujeres. A los niños prefieren raptarlos para enseñarles a matar. Hay muchos miles de niños soldado por todo el Congo".


Estamos en el hospital de Minova, una aldea en la orilla occidental del lago Kivu, un rincón de gran belleza natural -había nenúfares de flores malvas en la playita en la que desembarcamos- y de indescriptibles horrores humanos. Según el doctor Tharcisse, director del centro, el terror que las violaciones han inoculado en las mujeres explica los desplazamientos frenéticos de poblaciones en todo el Congo oriental. "Apenas oyen un tiro o ven hombres armados salen despavoridas, con sus niños a cuestas, abandonando casas, animales, sembríos". El doctor es experto en el tema, Minova está cercada por campos que albergan decenas de miles de refugiados. "Las violaciones son todavía peor de lo que la palabra sugiere", dice bajando la voz. "A este consultorio llegan a diario mujeres, niñas, violadas con bastones, ramas, cuchillos, bayonetas. El terror colectivo es perfectamente explicable".

Ejemplos recientes. El más notable, una mujer de 87 años, violada por 10 hombres. Ha sobrevivido. Otra, de 69, estuprada por tres militares, tenía en la vagina un pedazo de sable. Lleva dos meses a su cuidado y sus heridas aún no cicatrizan. Casi se le va la voz cuando me cuenta de una chiquilla de 15 años a la que cinco "interahamwe" (milicia hutu que perpetró el genocidio de tutsis en Ruanda, en 1994, y luego huyó al Congo, donde ahora apoya al Ejército del Gobierno del presidente Kabila) raptaron y tuvieron en el bosque cinco meses, de mujer y esclava. Cuando la vieron embarazada la echaron. Ella volvió donde su familia, que la echó también porque no quería que naciera en la casa un "enemigo". Desde entonces vive en un refugio de mujeres y ha rechazado la propuesta de un pariente de matar a su futuro hijo para que así la familia pueda recibirla. La letanía de historias del doctor Tharcisse me produce un vértigo cuando me refiere el caso de una madre y sus dos hijas violadas hace pocos días en la misma aldea por un puñado de milicianos. La niña mayor, de 10 años, murió. La menor, de 5, ha sobrevivido, pero tiene las caderas aplastadas por el peso de sus violadores. El doctor Tharcisse rompe en llanto.

Es un hombre todavía joven, de familia humilde, que se costeó sus estudios de medicina trabajando como ayudante de un pesquero y en una oficina comercial en Kitangani. Lleva dos años sin ver a su familia, que está a miles de kilómetros, en Kinshasa. El hospital, de 50 camas y 8 enfermeras, moderno y bien equipado, recibe medicinas de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias, pero es insuficiente para la abrumadora demanda que tiene al doctor Tharcisse y a sus ayudantes trabajando 12 y hasta 14 horas diarias, 7 días por semana. Fue construido por Cáritas. La Iglesia católica y el Gobierno llegaron a un acuerdo para que formara parte de la Sanidad Pública. No se aceptan polígamos, ni homosexuales, ni se practican abortos. El salario del doctor Tharcisse es de 400 dólares al mes, lo que gana un médico adscrito a la Sanidad Pública. Pero como el Gobierno carece de medios para pagar a sus médicos, la medicina pública se ha discretamente privatizado en el Congo, y los hospitales, consultorios y centros de salud públicos en verdad no lo son, y sus doctores, enfermeros y administradores cobran a los pacientes. De este modo violan la ley, pero si no lo hicieran, se morirían de hambre. Lo mismo ocurre con los profesores, los funcionarios, los policías, los soldados, y, en general, con todos aquellos que dependen del Presupuesto Nacional, una entelequia que existe en la teoría, no en el mundo real.

Cuando el doctor Tharcisse se repone me explica que, después de las violaciones, la malaria es la causa principal de la mortandad. Muchos desplazados vienen de la altura, donde no hay mosquitos. Cuando bajan a estas tierras, sus organismos, que no han generado anticuerpos, son víctimas de las picaduras, y las fiebres palúdicas los diezman. También el cólera, la fiebre amarilla, las infecciones. "Son organismos débiles, desnutridos, sin defensas". Vivir día y noche en el corazón del horror no ha resecado el corazón de este congoleño. Es sensible, generoso y sufre con el piélago de desesperación que lo rodea. Desde la pequeña explanada de las afueras del hospital divisamos el horizonte de chozas donde se apiñan decenas de miles de refugiados condenados a una muerte lenta. "La medicina que todo el Congo necesita tomar es la tolerancia", murmura. Me estira la mano. No puede perder más tiempo. La lucha contra la barbarie no le da tregua.

II - LOS PIGMEOS. Debo a los pigmeos de Kivu Norte haberme librado de caer en manos de las milicias rebeldes tutsis del general Laurent Nkunda la noche del 25 de octubre de 2008. Yo había llegado el día anterior a Goma, la capital de Kivu Norte, y mis amigos de Médicos Sin Fronteras, gracias a los cuales he podido hacer este viaje, me habían organizado un viaje a Rutshuru (a tres o cuatro horas de esta ciudad) para visitar un hospital construido y administrado por MSF, que presta servicios a una gran concentración de desplazados y víctimas de toda la zona. La víspera de la partida, mi hijo Gonzalo, que trabaja en el ACNUR, me telefoneó desde Nueva York para decirme que sus colegas en el Congo me tenían prevista, para la mañana siguiente, una visita a un campo de pigmeos desplazados en las afueras de Goma. Aplacé un día el viaje a Rutshuru y, por culpa del general Nkunda, que ocupó aquella noche ese lugar, ya no pude hacerlo.

Los pigmeos, pese a ser la más antigua etnia congoleña, son los parientes pobres de todas las demás, discriminados y maltratados por unas y por otras. Fieles al prejuicio tradicional contra el otro, el que es distinto, leyendas y habladurías malevolentes les atribuyen vicios, crueldades, perversiones, como a los gitanos en tantos países de Europa. Por eso, en una sociedad sin ley, corroída por la violencia, las luchas cainitas, las invasiones, la corrupción y las matanzas, los pigmeos son las víctimas de las víctimas, los que más sufren. Basta echarles una mirada para saberlo.

El campo de Hewa Bora (Aire Bello), a una decena de kilómetros de Goma, acaba de formarse. Está en un suelo pedregoso y volcánico, de tierra negra, y parece increíble que en lugar tan inhóspito las 675 personas que han llegado hasta aquí, hace un par de meses, desde Mushaki, huyendo de las milicias de Laurent Nkunda, hayan podido hacer algunos cultivos, de mandioca y arvejas. Nos reciben cantando y bailando a manera de bienvenida: pequeñitos, enclenques, arrugados, cubiertos de harapos, muchos de ellos descalzos, con niños que son puro ojos y huesos y las grandes barrigas que producen los parásitos. Su baile y su canto, tan tristes como sus caras, recuerdan las canciones de los Andes con que se despide a los muertos. Aunque con cierta dificultad, varios de los dirigentes hablan francés. (Es una de las pocas consecuencias positivas de la colonización: una lengua general que permite comunicarse a la gran mayoría de los congoleses, en un país donde los idiomas y dialectos regionales se cuentan por decenas).

Escaparon de Mushaki cuando las milicias rebeldes atacaron la aldea matando a varios vecinos. Piden plásticos, pues las chozas que han levantado -con varillas flexibles de bambú, atadas con lianas, de un metro de altura más o menos, sobre el suelo desnudo y con techos de hojas- se inundan con las lluvias, que acaban de comenzar. Piden medicinas, piden una escuela, piden comida, piden trabajo, piden seguridad, piden -sobre todo- agua. El agua es muy cara, no tienen dinero para pagar lo que cuestan los bidones de los aguateros. Es una queja que oiré sin cesar en todos los campos de refugiados del Congo en que pongo los pies: no hay agua, cuesta una fortuna, ríos y lagos están contaminados y los que beben en ellos se enferman. Las personas que me acompañan, del ACNUR y de Médicos Sin Fronteras, toman notas, piden precisiones, hacen cálculos. Después, conversando con ellos, comprobaré la sensación de impotencia que a veces los embarga. ¿Cómo hacer frente a las necesidades elementales de esta muchedumbre de víctimas? ¿Cuántos más morirán de inanición? La crisis financiera que sacude el planeta ha encogido todavía más los magros recursos con que cuentan.

En el campo de Bulengo, que visito luego del de Hewa Bora, veo las raciones de alimentos, mínimas, que distribuyen a los refugiados. Un voluntario de Unicef me dice, la voz traspasada: "Tal como van las cosas con la crisis, todavía tendremos que disminuirlas". Médicos, enfermeros y ayudantes de las organizaciones humanitarias son gentes jóvenes, idealistas, que hacen un trabajo difícil, en condiciones intolerables, a quienes la magnitud de la tragedia que tratan de aliviar por momentos los abruma. Lo que más los entristece es la indiferencia casi general, en el mundo de donde vienen, el de los países más ricos y poderosos de la Tierra, por la suerte del Congo. Nadie lo dice, pero muchos han llegado, en efecto, en Occidente a la conclusión de que los males del Congo no tienen remedio.

Bulengo fue en 1994 el campamento del Ejército ruandés hutu que invadió el Congo después de perpetrar la matanza de cientos de miles de tutsis en el vecino país. Ahora es el eje de un complejo de 16 campos de desplazados y refugiados que con ayuda de la Unión Europea y de las organizaciones humanitarias da refugio a unas trece mil personas. Éstas pertenecen a diferentes grupos étnicos que conviven aquí sin asperezas. Aunque Bulengo está mucho más asentado y organizado que el de Hewa Bora, la calidad de vida es ínfima. Las chozas y locales, muy precarios, están atestados y por doquier se advierte desnutrición, miseria, suciedad, desánimo. La nota de vida la ponen muchos niños, que juegan, correteándose. Varios de ellos son mutilados. Converso con un chiquillo de unos 10 o 12 años que, pese a tener una sola pierna, salta y brinca con mucha agilidad. Me cuenta que los soldados entraron a su aldea de noche, disparando, y que a él la bala lo alcanzó cuando huía. La herida se le gangrenó por falta de asistencia, y cuando su madre lo llevó a la Asistencia Pública, en Goma, tuvieron que amputársela.

En Bulengo hay 48 familias de pigmeos, que, aparte de las protestas que ya hemos oído en Hewa Bora, aquí se quejan de que la escuela es muy cara: cobran 500 francos congoleños mensuales por alumno. La educación pública es, en teoría, gratuita, pero, como los profesores no reciben salarios, han privatizado la enseñanza, una medida tácitamente aceptada por el Gobierno en todo el país. En muchos lugares son los padres de familia los que mantienen las escuelas -las construyen, las limpian, las protegen y aseguran un salario a los profesores-, pero aquí, en los campos de refugiados, todos son insolventes, de modo que si se ven obligados a pagar por los estudios, sus hijos dejarán de ir a la escuela o ésta se quedará sin maestros.

En el campo hay muchos desertores de las milicias rebeldes. Uno de ellos me cuenta su historia. Fue secuestrado en su pueblo con varios otros jóvenes de su edad cuando los hombres de Laurent Nkunda lo ocuparon. Les dieron instrucción militar, un uniforme y un arma. La disciplina era feroz. Entre los castigos figuraban los latigazos, las mutilaciones de miembros (manos, pies) y, en caso de delación o intento de fuga, la muerte a machetazos. Me confirmó que muchos soldados del Ejército congoleño vendían sus armas a los rebeldes. Se escapó una noche, harto de vivir con tanto miedo, y estuvo una semana en la jungla, alimentándose de yerbas, hasta llegar aquí. En su pueblo, donde era campesino, tenía mujer y cuatro hijos, de los que no ha vuelto a saber nada porque el pueblo ya no existe. Todos los vecinos huyeron o murieron. Le pregunto qué le gustaría hacer en la vida si las cosas mejoraran en el Congo, y me responde, después de cavilar un rato: "No lo sé". No es de extrañar. En Bulango, como en Hewa Bora y en los campos de desplazados de Minova, la actitud más frecuente en quienes están confinados allí, y pasan las horas del día tumbados en la tierra, sin moverse casi por la debilidad o la desesperanza, es la apatía, la pérdida del instinto vital. Ya no esperan nada, vegetan, repitiendo de manera mecánica sus quejas -plásticos, medicinas, agua, escuelas- cuando llegan visitantes, sabiendo muy bien que eso tampoco servirá para nada. Muchísimos de ellos están ya más muertos que vivos y, lo peor, lo saben. Los campos son indispensables, sin duda, pero sólo si funcionan como un tránsito para la reincorporación a la vida activa, con oportunidades y trabajo. Si no, quienes los pueblan están condenados a una existencia atroz, parásita, que los desmoraliza y anula. Y éste es quizás el más terrible espectáculo que ofrece el Congo oriental: el de decenas de miles de hombres y mujeres a los que la violencia y la miseria han reducido poco menos que a la condición de zombies.

III - EL GALIMATÍAS CONGOLEÑO.

Y, sin embargo, se trata de un país muy rico, con minas de zinc, de cobre, de plata, de oro, del ahora codiciado coltán, con un enorme potencial agrícola, ganadero y agroindustrial. ¿Qué le hace falta para aprovechar sus incontables recursos? Cosas por ahora muy difíciles de alcanzar: paz, orden, legalidad, instituciones, libertad. Nada de ello existe ni existirá en el Congo por buen tiempo. Las guerras que lo sacuden han dejado hace tiempo de ser ideológicas (si alguna vez lo fueron) y sólo se explican por rivalidades étnicas y codicia de poder de caudillos y jefezuelos regionales o la avidez de los países vecinos (Ruanda, Uganda, Angola, Burundi, Zambia) por apoderarse de un pedazo del pastel minero congoleño. Pero ni siquiera los grupos étnicos constituyen formaciones sólidas, muchos se han dividido y subdividido en facciones, buena parte de las cuales no son más que bandas armadas de forajidos que matan y secuestran para robar.

Muchas minas están ahora en manos de esas bandas, milicias o del propio Ejército del Congo. Los minerales se extraen con trabajo esclavo de prisioneros que no reciben salarios y viven en condiciones inhumanas. Esos minerales vienen a llevárselos traficantes extranjeros, en avionetas y aviones clandestinos. Un funcionario de la ONU que conocí en Goma me aseguró: "Se equivoca si cree que el caos del Congo está en la tierra. Lo que ocurre en el aire es todavía peor". Porque tampoco en las alturas hay ley o reglamento que se respete. Como la mayoría de vuelos son ilegales, el número de accidentes aéreos, el más alto del mundo, es terrorífico: 56 entre julio de 2007 y julio de 2008. Por esa razón ninguna compañía aérea congoleña es admitida en los aeropuertos de Europa.

Como el principal recurso del país, el minero, se lo reparten los traficantes y los militares, el Estado congoleño carece de recursos, y esto generaliza la corrupción. Los funcionarios se valen de toda clase de tráficos para sobrevivir. Militares y policías tienden árboles en los caminos y cobran imaginarios peajes. A Juan Carlos Tomasi, el fotógrafo que nos acompaña, cada vez que saca sus cámaras alguien viene con la mano estirada a cobrarle un fantástico "derecho a la imagen". (Pero él es un experto en estas lides y discute y argumenta sin dejarse chantajear). Para viajar de Kinshasa a Goma debemos, antes de trepar al avión, desfilar por cinco mesas, alineadas una junto a la otra, donde se expenden ¡visas para viajar dentro del país!

No es verdad que la comunidad internacional no haya intervenido en el Congo. La Misión de las Naciones Unidas en el Congo (MONUC) es la más importante operación que haya emprendido nunca la organización internacional. La Fuerza de Paz de la ONU en el Congo cuenta con 17.000 soldados, de un abanico de nacionalidades, y unos 1.500 civiles. Sólo en Goma hay militares de Uruguay, India, África del Sur y Malaui. Visité el campamento del batallón uruguayo y conversé con su jefe, el amable coronel Gaspar Barrabino, y varios oficiales de su Estado Mayor. Todos ellos tenían un conocimiento serio de la enrevesada problemática del país. La inoperancia de que son acusados se debe, en realidad, a las limitaciones, a primera vista incomprensibles, que las propias Naciones Unidas han impuesto a su trabajo.

Las milicias de Laurent Nkunda, luego de capturar Rutshuru, comenzaron a avanzar hacia Goma, donde el Ejército congoleño huyó en desbandada. La población de la capital de Kivu Norte, entonces, enfurecida, fue a apedrear los campamentos de la Fuerza de Paz de la ONU (y, de paso, los locales y vehículos de las organizaciones humanitarias), acusándolos de cruzarse de brazos y de dejar inerme a la población civil ante los milicianos.

Pero el coronel Barrabino me explicó que la Fuerza de Paz, creada en 1999, según prescripciones estrictas del Consejo de Seguridad, está en el Congo para vigilar que se cumplan los acuerdos firmados en Lusaka que ponían fin a las hostilidades entre las distintas fuerzas rivales, y con prohibición expresa de intervenir en lo que se consideran luchas internas congoleñas. Esta disposición condena a las fuerzas militares de la ONU a la impotencia, salvo en el caso de ser atacadas. Sería muy distinto si el mandato recibido por la Fuerza de Paz consistiera en asegurar el cumplimiento de aquellos acuerdos utilizando, en caso extremo, la propia fuerza contra quienes los incumplen. Pero, por razones no del todo incomprensibles, el Consejo de Seguridad ha optado por esta bizantina fórmula, una manera diplomática de no tomar partido en semejante conflicto, un galimatías, en efecto, en el que es difícil, por decir lo menos, establecer claramente a quién asiste la justicia y la razón y a quién no. No tengo la menor simpatía por el rebelde Laurent Nkunda, y probablemente es falso que la razón de ser de su rebeldía sea sólo la defensa de los tutsis congoleños, para quienes los hutus ruandeses, armados y asociados con el Gobierno, constituyen una amenaza potencial. Pero ¿representan las Fuerzas Armadas del presidente Kabila una alternativa más respetable? La gente común y corriente les tiene tanto o más miedo que a las bandas de milicianos y rebeldes, porque los soldados del Gobierno los atracan, violan, secuestran y matan, al igual que las facciones rebeldes y los invasores extranjeros. Tomar partido por cualquiera de estos adversarios es privilegiar una injusticia sobre otra. Y lo mismo se podría decir de casi todas las oposiciones, rivalidades y banderías por las que se entrematan los congoleños. Es difícil, cuando uno visita el Congo, no recordar la tremenda exclamación de Kurz, el personaje de Conrad, en El corazón de las tinieblas: "¡Ah, el horror! ¡El horror!"

IV - LOS POETAS. Y sin embargo, pese a ese entorno, conocí a muchos congoleños que, sin dejarse abatir por circunstancias tan adversas, resistían el horror, como el doctor Tharcisse, en Minova. Placide Clement Mananga, en Boma, que recoge y guarda todos los papeles y documentos viejos que encuentra para que la amnesia histórica no se apodere de su ciudad natal (él sabe que el olvido puede ser una forma de barbarie). O Émile Zola, el director del Museo de Kinshasa, combatiendo contra las termitas para que no devoren el patrimonio etnológico allí reunido. A esta estirpe de congoleños valerosos, que luchan por un Congo civilizado y moderno, pertenecen los Poétes du Renouveau (Poetas de la Renovación), de Lwemba, un distrito popular de Kinshasa. Son cerca de una treintena, una mujer entre ellos, y aunque todos escriben poesía, algunos son también dramaturgos, cuentistas y periodistas.

Además del francés, la colonización belga dejó asimismo a los congoleses la religión católica. En el país hay también protestantes -vi iglesias evangélicas de todas las denominaciones-, musulmanes -en la región oriental- y varias religiones autóctonas, la mayor de las cuales es el kimbanguismo, así llamada por su fundador, Simon Kimbangu, enraizada sobre todo en el Bajo Congo. Pero, pese a la hostilidad que desencadenó contra ella el dictador Mobutu, a quien hizo oposición, la católica parece, de lejos, la más extendida e influyente. Iglesias y centros católicos son los focos principales de la vida cultural del país.

Los Poétes du Renouveau se reúnen en la iglesia de San Agustín, donde tienen una pequeña biblioteca, una imprenta y una amplia sala para recitales y charlas. Publican desde hace algunos años unas ediciones populares de poesía que venden a precio de coste y a veces regalan. Empeñados en que la poesía llegue a todo el mundo, se desplazan a menudo a dar recitales y conferencias literarias por toda la región. Asisto a un interesante encuentro, de varias horas, en el que discuten temas literarios y políticos. El francés que escriben y hablan los congoleños es cálido, cadencioso, demorado y, a ratos, tropical. Haciendo de diablo predicador, provoco una discusión sobre la colonización belga: ¿qué de bueno y de malo dejó? Para mi sorpresa, en lugar de la cerrada (y merecida) condena que esperaba oír, todos los que hablan, menos uno, aunque sin olvidar las terribles crueldades, la explotación y el saqueo de las riquezas, la discriminación y los prejuicios de que fueron víctimas los nativos, hacen análisis moderados, situando todo lo negativo en un contexto de época que, si no excusa los crímenes y excesos, los explica. Uno de ellos afirma: "El colonialismo es una etapa histórica por la que han pasado casi todos los países del mundo". Lo refuta otro, que lanza una durísima requisitoria contra lo ocurrido en el Congo durante el casi siglo y medio de dominio belga. Le responde un joven que se presenta como "teólogo y poeta" con una única pregunta: "¿Y qué hemos hecho nosotros, los congoleños, con nuestro país desde que en 1960 nos independizamos de los belgas?".

domingo, 4 de enero de 2009

Los herederos de Caín

Los padres de Tzipi Livni y Ehud Olmert pertenecieron a Irgún
Israel no debe olvidar su origen terrorista
por Johann Hari*

Mientras las fuerzas israelíes daban muerte a más de 300 civiles y expulsaban de su hogar a medio millón de personas en aras de erradicar el «terrorismo», una pequeña y amarga ironía histórica pasaba inadvertida la semana pasada en Israel.


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Colonos judíos armados protestan y hacen la ley.

Mientras las fuerzas israelíes daban muerte a más de 300 civiles y expulsaban de su hogar a medio millón de personas en aras de erradicar el «terrorismo», una pequeña y amarga ironía histórica pasaba inadvertida la semana pasada en Israel.

Los veteranos de otra organización «terrorista» se reunieron frente a las narices de las fuerzas israelíes, para celebrar la matanza de 91 personas, entre ellas 28 británicos, en un hotel de Jerusalén.

Recordaron con cariño los días en que plantaban bombas que volaron en pedazos a civiles en autobuses, mercados y cafés, introduciendo esas tácticas en el tango de Medio Oriente. Evocaron cuando rodearon a todos los pobladores de una aldea -251 hombres, mujeres y niños- y los mataron a balazos. Incluso celebraron la captura de soldados del bando enemigo a los que mantuvieron en cautiverio durante semanas hasta que finalmente los colgaron.

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Un integrista judío enseñando a los niños israelíes el manejo de armas que serán más tarde utilizadas contra los palestinos. La violencia armada de Israel ha permitido despojar de sus tierras al pueblo palestino.

Y esta organización terrorista, ¿ha sido castigada con un bombardeo de la fuerza aérea israelí? Para nada.

El grupo se llamaba el Irgún, y estaba formado por nacionalistas judíos cuyos hijos ahora forman parte de la elite gobernante israelí. Durante las décadas de 1930 y 1940 plantó bombas por toda Palestina, tomando como blancos tanto a soldados británicos como a civiles palestinos. Tenía dos objetivos: expulsar a los imperialistas británicos y orillar mediante el terror a la población palestina a aceptar incondicionalmente la creación de Israel.

Es dudoso que Ehmud Olmert, el primer ministro israelí que ha declarado la «guerra al terror», llegara a condenar al Irgún. Pasó tres años de su vida en sus campos de adiestramiento, mientras sus padres contrabandeaban armas para la organización. Tzipi Living, la ministra del Exterior a quien muchos consideran la próxima primera ministra, es hija del director de operaciones militares del Irgún y orquestador de matanzas de civiles.

Civiles libaneses en sus viviendas devastadas por una ofensiva israelí en Sidón FOTO Reuters Mientras la guerra en Líbano pasaba al primer plano de atención la semana pasada, los combatientes del Irgún sobrevivientes develaron una placa que marca el 60 aniversario de su decisión de volar el hotel Rey David. Si Olmert, Livni y el público israelí pudieran recordar su propia historia familiar de «terrorismo», serían capaces de ver lo inútiles que son sus actuales campañas militares contra los «terroristas» en Gaza y Líbano.

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El ritual religioso judío. En Israel una gran mayoría de la población es fanática religiosa.

Cuando el pueblo israelí carecía de un Estado, una sección de su población tomó las armas y luchó por tenerlo... a menudo con tácticas terribles. Algunos incluso tuvieron sueños dementes de limpieza étnica. El pueblo palestino está exactamente en la misma situación hoy, alimentada y financiada por Hamas y Hezbollah.

Hace tres veranos conocí, en un frío y austero departamento de Gaza, a un grupo de jóvenes que se adiestraban para ser atacantes suicidas. Mientras hablaba con esos jóvenes marinados en rabia, me estremecía lo conocidas que me sonaban sus palabras. En ese tiempo leía La revuelta, las memorias de Menajem Begin, el comandante del Irgún que llegó a ser primer ministro de Israel por el partido Likud. «La sangre dio vida a nuestra revuelta», escribió. «Sólo cuando estás preparado a enfrentarte al mismo Zeus para llevar el fuego a la humanidad podrás alcanzar la revolución del fuego». Los presuntos asesinos suicidas decían: «Crearemos Palestina a sangre y fuego. Los judíos sólo entienden la sangre y el fuego».

Olmert y Livni necesitan preguntarse cómo habrían respondido sus padres, decididos combatientes terroristas, al bombardeo aéreo que Israel inflige esta semana. Los miembros del Irgún no dejaron de volar civiles árabes en pedazos porque los aplastaran barcos de guerra británicos y helicópteros Apache: se detuvieron porque el mundo les dio un jirón de lo que querían. No todo: ellos querían toda la tierra que se extiende entre el río Jordán y el Mediterráneo, pero transigieron para tener un Estado propio dentro de fronteras más limitadas.

Hamas y Hezbollah no pueden ser silenciados por medios militares. Puede que este año les destruyan su arsenal de cohetes, pero la renovada ferocidad de su odio garantizará que lo reconstruyan el año próximo. No se quedarán observando cómo sus hijos son reducidos a niveles de desnutrición cercanos a los de Africa, como ha ocurrido en Gaza, o mientras la tasa de muerte es de 10 a uno en su contra, como en Líbano.

La única forma de silenciarlos alguna vez será darles algo de lo que quieren, no todo. Los dos han acordado que si se da una solución real de dos estados a lo largo de la frontera de 1967, no volverán a lanzar un disparo hacia Israel. Quieren toda la tierra, limpiada étnicamente de sus enemigos, tal como los padres de Olmert y Livni querían hace 60 años... pero se conformarán con menos.

Sin embargo el gobierno israelí no ha elegido esta ruta de decrecer el conflicto y negociar con el fin de tener dos estados para dos pueblos en el estrecho jirón de tierra que están condenados a compartir. Ha elegido la guerra.

Y por eso, de aquí a 60 años, combatientes libaneses y palestinos se reunirán con orgullo en la ciudad de Gaza y en Beirut para develar placas en honor de los «terroristas» que mataron y murieron combatiendo a Israel esta semana. A este ritmo, mientras Medio Oriente se aleja aún más de la única solución sensata, la ironía histórica se volverá a perder.

 Johann Hari

Dramaturgo y periodista británico muchas veces galardonado.

2006

La estupidez del demonio

No, no tienen cuernos, sólo a algunos les cuelga más el rabo.
Rayando la estupidez...

La píldora anticonceptiva contamina y causa infertilidad, según el diario del Vaticano


Mujeres chilenas se manifiestan contra la distribución de la píldora del día después en centros de salud. AFP

El presidente de la asociación de médicos católicos explica en un artículo que los medios anticonceptivos "violan al menos cinco importantes derechos: el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la información y a la igualdad"


La píldora anticonceptiva tiene "efectos devastadores para el medio ambiente" y es en parte responsable de "la infertilidad masculina". Esta es la conclusión a la que han llegado varios médicos en un artículo publicado en el diario del Vaticano, L'Osservatore Romano .

La píldora "ha tenido desde hace años efectos devastadores para el medio ambiente al expulsar toneladas de hormonas hacia la naturaleza", por medio de la orina de las mujeres que la toman, afirmó el autor del artículo, el presidente de la Federación internacional de asociaciones de médicos católicos, Pedro José María Simón Castellvi.

Nos hallamos frente un efecto ecológico claro que exige explicaciones de parte de los fabricantes", remarca Simón Castellví, quien agrega que "son conocidos" otros efectos secundarios de la combinación de estrógenos y progestínicos, entre los que cita el cancerígeno.

Infertilidad

"Tenemos suficientes datos para afirmar que una causa importante de la infertilidad masculina (caracterizada por una bajada constante del número de espermatozoides en el hombre) en Occidente es la contaminación del medio ambiente provocada por la píldora", añade, sin dar más explicaciones.

Funciona en muchos casos "con un verdadero efecto abortivo", aseguran

En su artículo, considera además que el anticonceptivo oral más utilizado en el mundo industrializado, aquel con bajas dosis de estrógenos y progestínicos, funciona en muchos casos "con un verdadero efecto abortivo", dado que puede ayudar a expulsar un pequeño embrión humano.

Este artículo, consagrado a la encíclica del papa Pablo VI Humanae Vitae, que prohibió hace cuarenta años a los católicos el uso de la píldora y del condón, resume un informe publicado recientemente por la Federación de médicos católicos, explica su presidente. "Estamos frente a un efecto antiecológico claro que exige más explicaciones de parte de los fabricantes", subrayó el doctor Castellvi, quien califica la encíclica Humanae Vitae de "profecía científica".

El papa Benedicto XVI reiteró en octubre la condena por parte de la Iglesia católica de la contracepción , con motivo del 40º aniversario de la encíclica Humanae Vitae. Excluir la posibilidad de dar la vida "por medio de una accion tendiente a impedir la procreación significa negar la verdad íntima del amor conyugal", declaró el Papa.

Simón Castellví señala que, en el sexagésimo aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, "se puede decir que los medios anticonceptivos violan al menos cinco importantes derechos": el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la información y a la igualdad entre los sexos, ya que "el peso de los anticonceptivos casi siempre recae sobre la mujer".



martes, 2 de diciembre de 2008

La más perra de las condenas

La más perra de las condenas


Conductores cazados ebrios cumplen sus penas en una perrera de Barcelona

A Alejo, de 43 años, le pillaron una noche conduciendo con alguna copa de más. El test de alcoholemia dio positivo. A Alberto, de 29 años, con dos piercings en la boca y rastas, le pasó algo similar cuando viajaba en su ciclomotor. Dos casos iguales, dos vidas diferentes --uno promotor industrial y el otro montador de escenarios-- y un mismo destino: el centro de recogida de animales de la Liga Protectora de Animales y Plantas de Barcelona. Es una fundación privada que tiene un acuerdo con la Conselleria de Justicia para que en este complejo, sito en la falda del Tibidabo, puedan ejecutarse penas de trabajos en beneficio de la comunidad.
En el centro, regentado por una fundación, viven 100 perros y 250 gatos. Hay casitas de madera para que se refugien, pero casi siempre están al aire libre. Darles de comer, limpiar sus necesidades fisiológicas y cuidarles requiere personal. Una fundación, aunque tenga ayudas, tiene que tirar del voluntariado o de otro tipo de personas, como condenados a trabajos para la comunidad. Hace unos día cumplían la sentencia 12 personas, la mayoría por alcoholemias, pero también había alguno por violencia doméstica leve o por una pelea en estado ebrio.
Cuando EL PERIÓDICO visitó el centro, solo había dos penados que cumplían condena -- 40 días con jornadas de cuatro horas-- durante los días laborales. El resto, los fines de semana. A Alejo y a Alberto sus ocupaciones se lo permiten. Los dos profesan pasión por los animales y, aunque creían que solo pasearían perros y no limpiarían sus excrementos, no están descontentos y coinciden en que es una experiencia.
Alejo, al que en diciembre del 2007 pillaron en un control de alcoholemia al salir de un restaurante en Gràcia, reparte tres días a la semana entre el centro de acogida --de 10 a 14 horas-- y su trabajo como promotor industrial. En febrero se licenciará. "Soy biólogo y he trabajado en el zoo y en África. Aquí hay mucho que hacer, pero es mejor que ir a la cárcel. Lo de conducir bebido se ha acabado", relata. Una bicicleta es su ahora su transporte.

Piscología animal
A Alberto le cogieron por alcoholemia en marzo de este año. Ha hecho jornada doble para quitarse lo antes posible los 40 días de trabajos para la comunidad. Ahora ya está de viaje por Suramérica. "Me gustan los animales y vi que aquí podía ayudar bastante y, además, aprendo la psicología de los animales", dice. La directora del centro, Mercedes Hernández, explica que estas personas "ayudan mucho y son magníficas" y que en general se integran y trabajan bien. "No podemos asumir más porque perderíamos el control, pero la experiencia es muy positiva", sostiene.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Una pareja de pingüinos "gays", castigada en un zoo chino por robar un huevo

Dos pingüinos machos que han formado pareja -un fenómeno relativamente común en estas aves- han sido separados del resto de animales de su especie en un zoo de Harbin (noreste de China) después de que intentaran robar un huevo de una pareja heterosexual, confirmaron hoy fuentes del parque zoológico.

"Se trata de una pareja que ha intentado robar huevos de otras, algo que fue descubierto por un

cuidador, y se ha decidido encerrarles en otro recinto", señaló una de las portavoces del zoo, Cheng Yang.

Según Cheng, es bastante fácil que en un intento de robo el huevo se rompa, lo cual añade riesgos innecesarios a un proceso reproductivo que en los pingüinos no es nada sencillo, y menos todavía en cautividad.

La pareja "gay" forma parte de un grupo de 17 de estas aves que China trajo de la Antártida en 2005, y que al parecer se han adaptado bastante bien a las condiciones de Harbin, donde en invierno se pueden llegar a alcanzar temperaturas de hasta 40 grados bajo cero.

El pasado año, tras muchos intentos fallidos -incluso en libertad, sólo del 20 por ciento de los huevos de los pingüinos acaban saliendo polluelos- el zoo de Harbin logró que naciera un ejemplar, que fue bautizado con el nombre de "Manbo" y se ha convertido en la mascota de la ciudad.

Este año, las hembras han puesto tres huevos, por lo que las esperanzas de que el grupo vuelva a tener descendencia han regresado, pero el intento de robo ha traído turbulencias al proceso.

"Manbo" fue el primer pingüino antártico nacido en una ciudad no costera.

Los pingüinos machos suelen ser los encargados de incubar el huevo -unos 35 días- después de que éste es puesto por la hembra, y según Cheng hay un 70 por ciento de posibilidades de que durante el largo proceso se rompa el huevo.

Los pingüinos suelen ser animales fieles, que mantienen la misma pareja durante toda su vida, por lo que los cuidadores del zoo han decidido mantener juntos a los dos machos.

Algunas cosas curiosas....

1- Es imposible chuparse el codo.

2- La Coca Cola era originalmente verde.

3- Es posible hacer que una vaca suba escaleras pero no que las baje.

4- American Airlines ahorró U$S 40.000 en 1987 eliminando una aceituna de cada ensalada que sirvió en primera clase.

5- El porcentaje del territorio de África que es salvaje: 28%.
El porcentaje del territorio de Norteamérica que es salvaje: 38%.

6- El graznido de un pato (cuac, cuac) no hace eco y nadie sabe por qué.

7- Cada rey de las cartas representa a un gran rey de la historia:

- Espadas: El rey David.
- Tréboles: Alejandro Magno.
- Corazones: Carlomagno.
- Diamantes: Julio César.

8- Multiplicando 111.111.111 x 111.111.111 se obtiene 12.345.678.987.654.321.

9- Si una estatua en el parque de una persona a caballo tiene dos patas en el aire, la persona murió en combate, si el caballo tiene una de las patas frontales en el aire, la persona murió de heridas recibidas en combate, si el caballo tiene las cuatro patas en el suelo, la persona murió de causas naturales.

10- Según la ley, las carreteras interestatales en Estados Unidos requieren que una milla de cada cinco sea recta. Estas secciones son útiles como pistas de aterrizaje en casos de emergencia y de guerra.

11- El nombre Jeep viene de la abreviación del ejército americano a “General Purpose” Vehicle, o sea “G.P.” pronunciado en inglés.

12- El Pentágono tiene el doble de baños de los necesarios. Cuando se construyó, la ley requería de un baño para negros y otro para blancos.

13- Es imposible estornudar con los ojos abiertos.

14- Los diestros viven en promedio nueve años más que los zurdos.

15- La cucaracha puede vivir nueve días sin su cabeza, antes de morir de hambre.

16- Los elefantes son los únicos animales de la creación que no pueden saltar (afortunadamente).

17- Una persona común ríe aproximadamente 15 veces por día (deberíamos mejorar eso).

18- Los mosquitos tienen dientes.

19- Thomas Alva Edison temía a la oscuridad.

20- Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare son considerados los más grandes exponentes de la literatura hispana e inglesa respectivamente; ambos murieron el 23 de abril de 1616…

21- Se tardaron 22 siglos en calcular la distancia entre la Tierra y el Sol (149.400.000 Km.). Lo hubiésemos sabido muchísimo antes si a alguien se le hubiese ocurrido multiplicar por 1.000.000.000 la altura de la pirámide de Keops en Giza, construida 30 siglos antes de Cristo.

22- La palabra “cementerio” proviene del griego koimetirion que significa: dormitorio.

23- En la antigua Inglaterra la gente no podía tener sexo sin contar con el consentimiento del Rey (a menos que se tratara de un miembro de la familia real). Cuando la gente quería tener un hijo debían solicitar un permiso al monarca, quien les entregaba una placa que debían colgar afuera de su puerta mientras tenían relaciones.La placa decía “Fornication Under Consent of the King” (F.U.C.K.). Ese es el origen de tan famosa palabrita.

24- Durante la guerra de secesión, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra “0 Killed” (cero muertos). De ahí proviene la expresión “O.K.” para decir que todo esta bien.

25- En los conventos, durante la lectura de las Sagradas Escrituras al referirse a San José, decían siempre “Pater Putatibus” y por simplificar “P.P.”. Así nació el llamar “Pepe” a los José.

26- En el Nuevo Testamento en el libro de San Mateo dice que “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos”. El problemita es que San Jerónimo, el traductor del texto, interpretó la palabra “Kamelos” como camello, cuando en realidad en griego “Kamelos” es aquella soga gruesa con la que se amarran los barcos a los muelles. En definitiva el sentido de la frase es el mismo pero ¿cuál les parece más coherente?

27- Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia, se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.
Inmediatamente llamaron a un nativo (los indígenas australianos eran extremadamente pacíficos) y les intentaron preguntar mediante señas. Al notar que el indio siempre decía “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo ingles “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después el significado, el cual era muy claro, los indígenas querían decir “No le entiendo”.

28- La zona de México conocida como Yucatán viene de la conquista cuando un español le pregunto a un indígena como llamaban ellos a ese lugar. El indio le dijo: “yucatán”. Lo que el español no sabía era que le estaba contestando: “no soy de aquí”.

29- El 80% de las personas que leen este texto, intentaran chuparse el codo….

viernes, 28 de noviembre de 2008

Esa parte del corazón que dejó de latir

Cuando seas capaz de mirar de frente, cuando recuperes esa parte del corazón que te dejó de latir, la de la empatía, la del cariño, la de ser capaz de mirar a través de unos ojos que no son los tuyos, sólo entonces quizá nuestro mundo sea algo mejor.